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El fallo que proferiría la Corte Constitucional esta semana puede ser histórico.
Qué representa para Colombia tutela sobre adopción en parejas gay
La acción de tutela para permitir que una lesbiana comparta con su pareja la patria potestad de su hija biológica, que podría definirse el miércoles en la Corte Constitucional, no sólo pone en cuestión los requisitos para adoptar, sino que constituye un hito sobre el concepto de familia en Colombia.
Las mujeres que interpusieron el recurso no sólo exigen que se reconozca legalmente el hecho de que la niña tiene dos mamás, sino que se proteja su derecho a contar con una familia, explica su abogado, Germán Rincón Perfetti. Desde el 28 de febrero del 2008, cuando el Instituto de Bienestar Familiar (Icbf) se negó a tramitar la adopción, ellas han venido explicando ante los jueces que sus intenciones son mantener ante la pequeña la honestidad con la que han actuado desde que formalizaron su unión homosexual en Alemania, hace seis años, y que su hija cuente con el respaldo de ambas. "Jurídicamente, el derecho de la niña a tener una familia está en un 50 por ciento: en este momento sólo tiene a una persona que vigile su patria potestad -dice Rincón-. Si muere la madre biológica, su compañera no podría ejercer la custodia legalmente, a pesar de que comparte responsabilidades de crianza". El Icbf argumentó en su momento que la ley nacional no admite la adopción en parejas del mismo sexo. Además, dijo que las mujeres no cumplían con el mínimo de dos años de unión marital, desconociendo su boda en Alemania. Tras ser concedida la tutela por un juez de Rionegro (Antioquia) y ratificada por el Tribunal Superior de Medellín, el Icbf le pidió a la Corte Constitucional que la revisara. Según el Instituto, el artículo 42 de la Carta Política define la familia como la unión entre un hombre y una mujer. "Lo que no dijo el Icbf es que la frase que sigue establece que también puede haber familia 'por la voluntad responsable de conformarla'. Por eso, legalmente se permiten familias de madres o padres solteros, tíos y sobrinos, abuelos y nietos e incluso de madres sustitutas", indica Rincón. El proyecto de sentencia Ese planteamiento es similar al que llevó a consideración de sus ocho colegas el magistrado Juan Carlos Henao, en la ponencia que estudia la Corte. A su juicio, no sólo el concepto de familia ha cambiado, sino que en los requisitos para adoptar no se exige la conformación de una familia, sino un entorno familiar adecuado para el menor de edad. Otra cosa piensa la Procuraduría, que pidió a la Fiscalía y al Icbf investigar los casos de adopción individual, para establecer si se trata de homosexuales que "engañan a las autoridades administrativas y judiciales de familia sobre su orientación sexual o la conformación de su hogar". Sobre los magistrados pesa la responsabilidad de una sentencia que podría afectar otros procesos, como el que cursa contra la definición de matrimonio del Código Civil. No le interesa adoptar al hijo de su pareja Es abogado y tiene 38 años. Su hijo es un universitario de 20 años, heterosexual y sin traumas por el hecho de que su papá es gay. Su pareja, con la que lleva 6 años, se antojó de ser padre y él decidió apoyarlo. Contrataron el vientre de una mujer para que se dejara embarazar, con la condición de entregar al bebé apenas nazca. Sin embargo, aclara, no le interesa adoptar al hijo de su pareja. "Esta sociedad no está preparada para dar un paso como ese", sostiene antes de decir que respeta el interés en adoptar que tienen otros gays. "En algún momento el niño entenderá que tiene dos papás y se sentirá orgulloso -añade-. Pero la gente no piensa igual y va a sufrir, como le pasó a mi hijo en el colegio por tener un padre homosexual. Eso ya es suficiente; no hace falta sumarle lo que representa, en este país, tener dos papás en el plano legal". Para proteger al recién nacido buscará otras maneras; por ejemplo, le pagará la salud si su pareja se queda sin trabajo y pondrá propiedades a su nombre. "La crianza de un niño por una pareja del mismo sexo va más allá de lo jurídico", concluye. Con ellas comenzó todo Las mujeres que encendieron el debate sobre la adopción para parejas del mismo sexo, cuyo caso es el que estudia la Corte Constitucional, aseguran que sólo les interesa proteger a la niña. "Traerla la mundo fue decisión de ambas: ella tiene dos mamás", cuenta la madre biológica de la pequeña al insistir en que lo único que piden es que le den los mismos derechos que tienen los hijos de heterosexuales. "En caso de que me quede sin trabajo y sin dinero, mi pareja, que es la otra mamá, no podrá cobijarla con la seguridad social ni con los demás beneficios de ley -argumenta la mujer-. Si muero, no tendrá los derechos legales para quedarse con la niña, que es como debe ser, porque es la otra mamá. No quiero que termine en una fundación del Bienestar". Cuando la niña crezca le explicarán que su familia es especial. No las asusta su reacción, pues ya estará acostumbrada al cariño de ambas, pero sí le temen a la gente: "El problema no es nuestro, sino de los demás, que pueden estar criando hijos homófobos". Tampoco entienden por qué hay tanto revuelo por dos adultas que quieren criar bien a una niña. "A muchos pequeños los maltratan, los abandonan, les dan mal ejemplo y no los quieren -comenta una de ellas-. Si el Icbf dice que una familia es sólo la de un hombre y una mujer, que recojan a todos los niños de madres solteras o que viven con los abuelos". Mariana, Sandra e hijo "Claro que también soy la mamá", dice Sandra Mazo al hablar del hijo biológico de Mariana Gómez, su pareja desde hace 13 años. Se trata de un joven de 15 años a quien desde que tenía 9 le contaron que su hogar era diferente y que a falta de un papá tenía dos mamás. "Lo único que cuestionó es por qué no le contamos antes", recuerdan. Por temor a que lo discriminen, manejan el tema con discreción. En el colegio, por ejemplo, Mariana aparece registrada como madre soltera. No obstante, algunos compañeros y amigos se enteraron y lo respaldan. Aunque las dos mujeres trabajan como secretarias de fundaciones y viven bien, aunque sin lujos, saben que la estabilidad no es eterna y que en algún momento alguna podría tener que echarse encima todas las responsabilidades del hogar, hijo incluido. Por eso esperan el visto bueno de la Corte para que Sandra pueda adoptar. Mientras tanto, el adolescente juega a escribir su nombre con los apellidos de sus dos mamás. Fuente: eltiempo.com |