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  Matrimonio homosexual  
 
22-07-2010
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El sacerdote mendocino que generó polémicas por su muy diferente posición sobre el matrimonio entre personas de un mismo sexo en relación a la postura oficial de la Iglesia Católica, ofrece en esta nota su opinión acerca de la promulgación de la discutida ley. Por Vicente S. Reale - Sacerdote católico
"¿Y si Dios fuera mujer?, pregunta Juan sin inmutarse.

Vaya, vaya si Dios fuera mujer, es posible que agnósticos y ateos no dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas".

Juan Gelman

"Yo tengo el sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.

Yo tengo el sueño de que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad. 

Yo tengo el sueño de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter. 

¡Yo tengo un sueño hoy!" 

Martin Luther King

Los senadores de la Nación se expidieron a favor y la media sanción que venía de Diputados quedó convertida en ley.

Muchos argentinos expresaron su alegría por la sanción, y otros tantos no disimularon su enojo y desagrado por lo ocurrido.

El amanecer del 15 de julio nos trajo el terso-blanco regalo de la nieve, aquí, en Mendoza. Fue una fiesta inesperada, quizás un buen augurio para futuros días

Con bastante frío y varios abrigos, todos -menos los vacacionantes- retomamos las tareas de cada día.

Fue un día más en el calendario y en la cotidiana vida de todas y todos.

En realidad no fue un día más, hubo algo nuevo: muchos ciudadanos y ciudadanas argentinos fueron incluidos en el elenco de ciertos derechos que la mayoría gozaba desde siempre.

Todo realizado en el ámbito de lo ciudadano, de lo público, del ordenamiento social, de lo propio de un Estado pluralista y según las reglas de la democracia.

En los días y meses previos, a más de las confrontaciones y del poco diálogo constructivo, hubo quienes intentaron la alquimia de unir el aceite con el agua. Alquimia fracasada al confundir las regulaciones civiles que debe darse una sociedad con las convicciones religiosas que conforman la vida de muchos ciudadanos de esa misma sociedad.

Y, hablando de diálogo: continúa siendo una materia previa que nos seguimos llevando a marzo año tras año desde hace?. ¿cuántos años? 

No es descubrir la pólvora: los argentinos somos casi analfabetos en el arte de dialogar. Todo debe ser confrontativo, blanco o negro, los mejores o los peores. Desde el fútbol a la política; desde mi casa a la casa de al lado; desde mi religión a la tuya; desde quien se siente superior a otro a base del conocimiento, del dinero o del poder.

Diálogo no es monólogo de varios, donde cada uno expone lo suyo como verdad absoluta. 

Diálogo es exponer razones y escuchar razones; es partir de una cuota de credibilidad que cada uno asigna al otro; es localizar puntos de contacto entre las diferentes opiniones; es buscar consensos superadores a una determinada situación, aunque no fuese, por el momento, la solución total y definitiva. Debemos aprender a dialogar.

Felizmente -y ¡finalmente!- los senadores admitieron que debe ser revisada en su totalidad y actualizada la Ley de Adopción de Niños. Dijeron, además, que esa revisión es perentoria y urgente. Algo que muchos, desde hace mucho, venimos solicitando. Ojalá esta vez sea la buena.

Espero no ser tildado de "crispador": dado lo que se ha dado -ya acontecido en anteriores ocasiones-, en los desencuentros y enfrentamientos entre posiciones de origen confesional-religioso con posiciones de la sociedad civil, creo oportuno, y necesario, resolver de una buena vez -y de buen modo- la separación de materias y competencias que corresponden al Estado de las que corresponden a las distintas Iglesias. Independencia y autonomía entre ambos.

La propuesta no es nueva ni novedosa: ya la estableció con toda claridad el Concilio Vaticano II. En otros países ya está vigente. 

También puede ser realidad en el nuestro. 
Y nos hará bien a todos  Por Vicente S. Reale - Sacerdote católico